Crisis Sanitaria y Económica. Navegar en agua turbulenta.
OPINION | | 2020-07-12 | Rodolfo González San Miguel.
Buen Dia
La crisis sanitaria covid-19 tiene a prueba la economía mundial. Muchos países han recurrido al control de precios. ¿Funciona? ¿Evita inflación y desabasto? Se disparó la demanda global de guantes, mascarillas y material desinfectante. El aumento no es seguido de un crecimiento equivalente de la oferta, lo que lleva a aumento de precios. La situación lleva a gobiernos (España, Malasia, Argentina) a imponer precios máximos para la venta de algunos productos con la intención de impedir la especulación y asegurar que personas con menos recursos puedan acceder a ellos.

El control de precios no es novedad, viene de las primeras civilizaciones. Sus vestigios los encontramos en el Código de Hammurabi (Babilonia, 4,000 AC) con precedentes documentados en decretos del emperador Diocleciano (Roma, s. III DC) Se trata de como obligar a los empresarios a vender un producto determinado a un precio fijado por la autoridad económica. Esta modalidad puede ser flexible y establecer un precio mínimo o máximo, el concepto es el mismo.

Si la finalidad es beneficiar al empresario, son precios fijos o mínimos por encima de precio normal que se pagaría en el mercado, ya que si fuera igual o inferior a la medida no tendría efecto, caso de productores agrícolas en la Unión Europea regulados por la Política Agraria Común. Si se busca mejorar el consumidor se establece precios fijo o máximo por debajo del nivel que determinaría la evolución de oferta y demanda. La venta de mascarillas, regulada, es ejemplo. Los controles de precios no evitan inflación, escasez, ni mercado negro.

Los defensores de establecer precios máximos argumentan: La imposición de límite al aumento de precios ayuda a contener la inflación, lo que estabiliza sectores y economías en gran desequilibrio. La flotación libre de precios en contexto donde la oferta no aumenta al mismo ritmo que la demanda, da lugar a especulación, lo que deja fuera del mercado al comprador sin poder adquisitivo.

Con COVID-19 es relevante por la necesidad sanitaria de que la población tcuente con material de prevención y exige control de precio que acote especuladores. La venta de mascarillas tuvo resultados dispares: Funcionó en Corea del Sur y Taiwán; en España y Argentina no evitó desabasto. Fijar precio máximo por debajo de lo que está dispuesto a pagar el consumidor genera que se acapare, estímulo artificial a la demanda. La venta se disparará, los stocks se agotarán y habrá desabasto. Bajo supuesto ceteris paribus (a corto plazo el precio de los factores de producción se mantiene constante) las empresas ven caer su ingreso mientras sus costes no se ajustan, lo que hace caer el margen de beneficios. Si el precio es bajo, la empresa está por debajo de su umbral de rentabilidad, se desincentivará la producción. En el supuesto optimista de precios de factores de producción elásticos a la baja, esto podría ocurrir si existe en mayor o menor medida reducción de la oferta, lo que provocaría igualmente escasez.

Un mercado con precios libres y reflejen la preferencia real del consumidor y la posibilidad de producción, resuelve estos problemas. Un aumento de la demanda presiona al alza los precios, lo cual incrementa el margen de beneficio. De esta manera se generan incentivos para que las empresas maximicen su volumen de producción (trabajan más horas, contratan personal, instalan maquinaria, etc.), incluso para que lleguen inversiones de otros sectores de la economía, atraídas por la rentabilidad.

Alemania posguerra. El estatus alimentario de un país devastado era desesperado. Su reducida población demandaba productos de primera necesidad para subsistir, pero el tejido productivo había desaparecido. Las fuerzas de ocupación paliaban la crisis con alimento y control de precios, sin evitar desabasto ni mercado negro. 3 años de posguerra más duros en la historia alemana contemporánea. En 1948 el ministro de Economía, Ludwig Erhard eliminó la mayor parte de las restricciones sobre precios y promulgó una reforma monetaria para recuperar la confianza en la divisa. El efecto fue inmediato. La oportunidad de negocio al participar en abasto a la población a través de precios en alza disparó la producción.

Gracias a los incentivos aumentaron horas trabajadas y llegó inversión que aumentó la capacidad productiva. El mercado se inundó de productos que antes escaseaban. Pronto acabó el desabasto sin especuladores ni tensión inflacionaria pues la subida de precios fue moderada por evolución igualmente positiva de la oferta. Es muestra de que el sistema libre de precios no deja consumidores fuera del mercado ni produce inflación y aumenta el volumen de productos a disposición. La condición es que la oferta sea elástica, que los empresarios incrementen su producción, que los recursos financieros se muevan de un sector a otro para que lleguen inversiones y que no existan barreras a la entrada de competidores en el mercado.

¿Por qué funcionaron los controles de precios en Taiwán y Corea del Sur? Porque los desincentivos a la oferta se compensaron por reducción artificial de la demanda: racionamiento, única manera de evitar desabasto bajo precio regulado. Además, la existencia de reservas de insumos en manos de gobiernos y su distribución, palía los efectos de estas limitaciones.

Las experiencias demuestran que se requiere oferta flexible para adaptarse a las cambiantes condiciones del mercado sea por mayor oferta exterior (si un control de precios se compensa con importaciones masivas) o interior (si un sistema de precios libres fomenta producción nacional), la clave para evitar el desabasto es que las empresas tengan la capacidad y los incentivos suficientes para expandir la oferta de bienes y servicios cuando las condiciones del mercado lo demandan.