Crisis Sanitaria-Económica-Alimentaria
OPINION | | 2020-07-18 | Rodolfo González San Miguel.
Buen dia
COVID-19 tiene efectos sobre las actividades del sistema alimentario (producción, transformación, distribución, comercio y consumo) Por ello es vital administrar el comercio de alimentos y evitar que su conduzca a crisis alimentaria. Por 5 canales COVID-19 afecta: Caída de la actividad económica global. Caída de precios de productos primarios. Interrupción de cadenas globales de valor. Menor demanda de servicios de turismo. Intensificación de aversión al riesgo y el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales.

La ONU (Alimentación y Agricultura ha formulado un análisis de estos: Demanda: la proporción de ingreso que los hogares gastan en alimentos y las elasticidades precio e ingreso de alimentos que afectan la capacidad adquisitiva y la distribución del gasto entre tipos de alimentos. Oferta: la intensidad relativa de capital o de trabajo en los procesos productivos. Comercio internacional: El efecto dependerá del carácter de importador o exportador neto de cada país. En muchos países, la agricultura y actividades relacionadas con provisión de alimentos se consideran esenciales, la atención médica y servicios de suministro de energía y agua.

La pandemia exige cooperación países-organismos internacionales y sectores público y privado. El intercambio de experiencia permite compartir buenas prácticas y evitar errores. La cooperación y coordinación entre organismos internacionales ayuda a responder a las necesidades de apoyo planteadas por los países. La colaboración público-privada soluciona cuellos de botella en la cadena de suministro de alimentos y en el acceso, especialmente por población en situación de hambre y de extrema pobreza. Mostró que solo el Estado es capaz de facilitar, coordinar e intervenir para asegurar la disponibilidad de alimentos. De ahí la responsabilidad de los gobiernos de evitar que la crisis sanitaria se transforme en alimentaria.

La pandemia se da en contexto favorable en términos de existencias de cereales para la seguridad alimentaria (arroz, maíz y trigo) Entre 2007/2008 y 2019/2020, las existencias de maíz mostraron tasa de crecimiento promedio acumulativo anual de 6%, arroz y trigo, 5%, por ello, al inicio de la crisis, el sistema alimentario mundial estaba abastecido. Las existencias se concentran en pocos países: China mantenía 57% de existencias de arroz y maíz y 39% de trigo. Estados Unidos, maíz 15% y trigo 11%. India, segundo en arroz (14%) y tercero en trigo (7%)

Por su naturaleza, el sector alimentario se adapta de mejor manera a la crisis que el promedio de la economía. A diferencia del sector manufacturero, sus cadenas globales de valor son simples y resilientes. En general, los productos alimentarios se generan por empresas de un país, de pocos componentes o sustituibles. Para su exportación se emplean servicios prestados por número reducido de empresas extranjeras (de seguros, transporte, comercialización u otros) Esto contrasta con las cadenas de valor de industrias con eslabones de dispersión geográfica y en las que los productos cruzan varias fronteras antes de llegar al consumidor final.

La interrupción de la cadena de pagos tiene consecuencias dada la multiplicidad de actores, miles —en algunos países millones— de pequeñas empresas agrícolas informales que producen bienes primarios, la dependencia del clima y de otros bienes públicos, ciclos biológicos de largo plazo y volatilidad de precios, además de otras incertidumbres y riesgos.

Para asegurar el financiamiento de la actividad productiva se implementa prórroga automática para créditos de agricultura campesina; devolución de impuestos a la exportación para mejorar la liquidez de las empresas y programas de compras públicas de alimentos básicos con precios mínimos garantizados. La oferta de alimentos se afecta por la interrupción de la cadena de suministro debido a disrupciones logísticas. Los grandes mercados mayoristas y la red de mercados minoristas locales (ferias, tianguis, supermercados y otros) están expuestos pues son espacios donde se concentran miles de trabajadores y consumidores. Es esencial establecer y hacer cumplir protocolos de sanidad en estos eslabones de la cadena alimentaria. La protección de la salud de trabajadores en las agroindustrias es foco de atención.

La recesión económica aumentará pobreza, hambre e inseguridad alimentaria. En América Latina, CEPAL pronostica caída del PIB de 5,3% en 2020, (más intensa en México, 6.5%) Implica que 16 millones de personas más podrían caer en pobreza extrema, afectando 84 millones (54 en área urbana y 30 en área rural) Para proteger el acceso a productos de consumo popular se ha puesto en práctica control o fijación de precios y medidas para vigilar el precio de los insumos agropecuarios y controlar costos de producción agrícolas. En cuanto la familia rural, existen programas de autoconsumo (programas de riego, invernaderos, ganadería de especies menores y otras) que suman aporte al consumo familiar.

En estas circunstancias se reemplaza alimentos nutritivos y caros (lácteos, carnes, frutas y verduras, pescados y mariscos) por baratos, con mayor contenido de grasas saturadas, azúcar, sodio y calorías, que agrava la desigualdad nutricional previa a COVID- 19: hogares de menores ingresos consumen más granos, panes y cereales y menos lácteos, carnes y huevos, que los hogares de mayores ingresos.

La forma de acceder a los alimentos para su consumo ha cambiado: Aumenta el comercio electrónico para obtener productos preparados listos para su consumo y para la compra de alimentos en general. Estas opciones son para hogares de mayor poder adquisitivo, dependen de conexión a internet, monto de la compra y pago electrónico. En Chile, Colombia y Costa Rica hay éxito de digitalización de ferias y mercados mayoristas, con entrega incluida.