Entre bacterias y virus falta una pieza, comunicación y conocimiento.
OPINION | | 2020-07-19 | Rodolfo González San Miguel.
Más de 20 biofarmacéuticas anunciaron la creación del Fondo de Acción AMR, para desarrollar 2 a 4 antibióticos para 2030. Asimismo, buscará proporcionar recursos financieros, soporte técnico, recursos y experiencia a empresas para contribuir en el desarrollo de opciones. El Fondo invertirá mil millones de dólares para apoyar investigación de antibióticos para abordaje de bacterias resistentes e infecciones potencialmente mortales.

A diferencia de COVID-19, la resistencia antimicrobiana es amenaza conocida y prevenible. Su impacto es 700 mil fallecimientos al año y de seguir será 10 millones para 2050. Las bacterias resistentes a antibióticos se desarrollan más rápido que los antibióticos, de ahí la urgencia de establecer acciones industria farmacéutica-filantropías-bancos de desarrollo- organizaciones multilaterales para fortalecer el desarrollo de antibióticos. COVID-19 nos recordó cuánto importa la salud a la sociedad y la economía. Estimaciones señalan que Covid-19 hará caer de 3 a 8 % del PIB mundial en 2020, añada que cada año la mala salud, reduce el PIB mundial en 15%. Prioricemos la salud para la prosperidad.

Usando intervenciones que existen, la carga global de enfermedades podría reducirse en 40%, en los próximos 20 años. Más del 70 % de las ganancias se lograrían con prevención y crear entornos limpios y seguros, comportamientos saludables, ampliar acceso a vacunas y medicina preventiva. El resto vendría del tratamiento de enfermedades con terapias innovadoras, medicamentos y cirugía. En 2040, una persona de 65 años podría estar saludable como una de 55 años, la mortalidad infantil disminuiría 65%, la brecha de inequidad en salud se reduciría y 230 millones de personas más, estarían vivas. Beneficio social como valor de bienestar de la salud sería de 100 billones de dólares.

Se necesita innovación farmacéutica y de atención médica para prevenir y tratar 60% de enfermedades que no abordamos con eficiencia: trastornos mentales y neurológicos, cardiovasculares y cánceres. Hay tecnología en desarrollo para mejorar la calidad de vida y retrasar el envejecimiento: terapia celular, digital, genética y medicina regenerativa.

Mejor salud agregaría 12 billones de dólares al PIB mundial en 2040. La mitad vendría de una fuerza laboral grande y saludable, el resto de persona mayor y con capacidad diferente, cuidador informal y de la ganancia de productividad a medida que se reduce la carga de condición de mala salud crónica. Cada dólar invertido en salud tendría retorno de 2 a 4 dólares. Conocer la oportunidad que representa un crecimiento saludable requiere que todos trabajen en hacer de la salud prioridad social y económica; mantener la salud en agenda de todos; transformar los sistemas de salud; y reforzar las innovaciones terapéuticas.

Con más de 10 millones de casos y medio millón de muertes, covid-19 es el más grande desafío que la salud global enfrenta. La industria farmacéutica busca tratamiento y vacuna para SARS-CoV-2. La lección es que sumar fuerzas es la forma de atender problemas emergentes de salud. OMS señala que asegurar la salud mental del personal sanitario es crítico en respuesta a covid-19. Desde abril, la Asociación Psiquiátrica Mexicana inició el programa “Nosotros también nos cuidamos”. Da apoyo a distancia a enfermeras, médicos y personas involucradas en la atención. Muchas de las habilidades que tiene un profesional de la salud, diagnosticar, tratar y prevenir, se vinculan a la comunicación que establecen con sus pacientes. Una buena comunicación permite mejores resultados en salud y mayor adherencia a los tratamientos.

COVID-19 hace necesario adoptar cambios en rutinas como lavado frecuente de manos, sana distancia, uso de cubrebocas. ¿Cómo se logra que se adopten cambios de comportamiento?, con comunicación clara y efectiva. Proyectos como Salud Mesoamérica e Iniciativa Regional de Eliminación de la Malaria del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran la importancia de la comunicación para abordar con éxito una enfermedad. Se enfocan en “hablar un mismo idioma” con los miembros de las comunidades a las que pretenden impactar.

A través de conversación en profundidad y entrevistas sobre sus experiencias, conocimientos, creencias y prácticas, se definen los elementos visuales y culturales efectivos para adoptar comportamientos que ayuden a luchar contra la enfermedad (malaria en este caso) El BID destaca la importancia de que cada estrategia se analice y enfoque en un público objetivo; esto logra efectividad en las intervenciones de salud y una autoprotección mucho más fiable en las comunidades más vulnerables.