¿Cómo será sin Coronavirus?
OPINION | | 2020-08-30 | Rodolfo González San Miguel.
Buen Dia
En estos momentos, somos incapaces de imaginar un mundo sin Covid- 19. SARS-CoV-2 y el distanciamiento social provocan cambios en los hábitos que se quedarán una vez la situación amaine con secuelas en una sociedad que gozaba un largo período de calma y serenidad en el planeta. Aunque somos una de las sociedades más formadas de la historia, ha vivido desastres y fenómenos dados a conocer por los medios de comunicación. Guerras mundiales a pandemias han sacudido épocas anteriores, todo ha sido leído, pero no vivido por la sociedad que gozaba de un estado de bienestar incomparable con etapas predecesoras, excepto personas en situación de exclusión social

Nuestro estándar de vida se estropeó con SARS-CoV-2. Hay incapacidad de las grandes economías para enfrentar fenómenos considerados imposible. Europa repleta de mascarillas para evitar contagios marcarán la vida de cualquier ciudad los próximos meses. El teletrabajo es alternativa real. La higiene, hábito diario prioritario. Una sacudida sociológica para el planeta. SARS-CoV-2 vino para quedarse. Quizá un día que no infecte a más gente, pero la sociedad está marcada por un virus que nos ha cambiado.

Hace años, occidental miraba asombrado la manía oriental por ir a todo lugar con mascarilla, parecía que hacían de una protección, prenda personal, adaptada a la moda. De pronto, las mascarillas están en el mundo. Nuestros hábitos modificados por el distanciamiento social impuesto. Las iglesias no albergan a creyentes. La rutina diaria que mantenía activa a la sociedad se paraliza, afectando a quien menos pensábamos iba a afectar, a Dios. La suspensión de la actividad obliga a suspender todo rito religioso, vital en la vida de estos ciudadanos, situación que ha llevado a las iglesias a adoptar el internet para transmitir su mensaje. Días tan marcados como Semana Santa, pasaron sin percibir su influencia.

En ejercicio autoevaluativo comparativo de nuestro comportamiento respecto del que mostrábamos, nos darnos cuenta de la cantidad de hábitos que parecían imprescindibles y pasaron al olvido ante la pandemia. Es un hecho que SARS-CoV-2 y sus efectos pasarán; sin embargo, la sociedad no volverá a pensar que somos inmunes ante cualquier catástrofe, vemos la vulnerabilidad de lo humano.

Se habla de decrementos en el producto interior bruto (PIB) de hasta el 15%, de un deterioro presupuestario para los países, un comercio estancado ante el cierre de fronteras, empresas que no pueden operar ante el confinamiento y bloqueo de la actividad económica, sin embargo poco habla de esos intangibles que hacen que la economía funcione. La economía no lo es sin las personas que la integran, que son impredecibles al dejar de lado lo racional pues ante una pandemia, el espíritu de supervivencia y las emociones que nos envuelven ante lo que está sucediendo apartan ese espíritu racional medible.

La economía se forma por agentes socioeconómicos que cambian sus hábitos y la economía cambiará para bien o para mal. Bill Gates dijo que las empresas debían estar en internet, todos sabíamos que era necesario, pero un 33% del total de empresas, en los países más digitalizados, no refleja ese conocimiento previo que creíamos tener. El confinamiento lleva a la gente a reflexionar y adoptar nuevos métodos de consumo y de vida. Unos para estudiar, aprender música, leer, hacer deporte, dejar de fumar e investigar, cada uno motivado por un distanciamiento que le impide llevar a cabo sus actividades.

Los hábitos domésticos se han convertido sin darnos cuenta, en nuevos hábitos del día. La economía se afecta por estos hábitos, mayor digitalización, vida más sana y deportiva o más higiénica, las variables se modifican y muchas de las que forman la economía, mañana habrán desaparecido. Se vive un duro cambio para nuestras economías. Ni la globalización, ni la tecnología, ni el orden mundial, así como todo aquello que concierne a la economía, será igual. La sociedad aprende cuando comete errores. Sistemas sanitarios que se considera preparados, han mostrado sus vulnerabilidades, lo que quedará grabada en nuestro subconsciente de por vida.

Cuando todo esto pase, al igual que oíamos a nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos hablar de los grandes desastres que tuvo que enfrentar su sociedad, el planeta hablará del SARS-CoV-2. Nuestro conocimiento es frágil. La incapacidad de predecir las rarezas implica la incapacidad de predecir el curso de la historia. Sobreestimamos lo que sabemos e infravaloramos la incertidumbre. Los sucesos históricos y socioeconómicos o innovaciones tecnológicas son impredecibles