Confinamiento en España
OPINION | | 2020-09-04 | Rodolfo González San Miguel.
Buen Dia
Confinados, las normas impuestas por el estado de alarma se cumplieron, con excepciones. Se impusieron más de un millón de multas por burlar el confinamiento en los primeros 66 días: 15 mil sanciones por día en un país de 46 millones de habitantes, a diario, se saltaba la ley 0.03% de la población. Normas y posteriores modificaciones se acataron, lo que propició que la curva de contagios cayese de forma significativa para dar paso a la nueva normalidad. En ese escenario, órdenes pasaron a recomendaciones. Lo que pasó en España desde el 14 de marzo se resume: somos muy buenos cumpliendo la ley y terribles escuchando a los expertos.

Los seres humanos somos cognitivos y racionales, y nos guiamos por emociones. Durante el confinamiento se activó el miedo, por eso cumplimos las normas, explica el psicólogo Andrés Quinteros. Algunos no se movieron por temor a infectarse, otros a recibir una multa. Hubo contagio emocional que ayudó a que otras necesidades fuesen secundarias y cuando todo se relajó aparecieron otras emociones. Las otras necesidades llegaron cuando se redujeron los datos de contagios. Empezaron a primar cariño, necesidad de diversión, alegría, contacto social. No es un único sentimiento el que motiva nuestra forma de actuar, pero hay uno que se impone al resto. Cuando ese uno pierde fuerza, aparecen otros. Durante estos meses nos privamos de muchas cosas que necesitábamos.

Del mismo modo que estar en casa nos dio seguridad frente a covid-19, la seguridad la aporta estar con el grupo de confianza del que no tememos contagiarnos. Somos seres sociales. Ese contacto va seguido de relajación y poco seguir consejos, sobre todo si hay alcohol. De ahí que lo rebrotes comenzasen en su mayoría en reuniones familiares o grupos de amigos. Hubo necesidad general de comerse el mundo y de recuperar el tiempo perdido.

El miedo es la clave del éxito, asegura el psicoterapeuta Ramón Soto. Ese temor nos hizo menos impulsivos, más conservadores, es un freno, no ha desaparecido, resurge con datos de contagios, pero pierde protagonismo y gana el enfado que lleva a muchos a ignorar consejos, como acto de rebeldía. La contradicción en la información genera confusión y la confusión provoca enfados: ¿Por qué una comunidad no se obliga a llevar mascarilla y yo tengo que usarla? ¿Por qué las aulas tienen 20 alumnos y las reuniones sociales 10? Saltar consejos en masa tiene se llama, interaccionismo simbólico. Tenemos neuronas espejo que reflejan lo que ven. Si la mayoría no sigue el consejo, nosotros tampoco.

Los comportamientos sociales se explican en función de cómo actúan los demás y que la sociedad no acate recomendaciones responde a que otros tampoco lo hacen. Hay una mayoría que, cuando ve que todos siguen un consejo, lo acata. A esto hay que añadir la diferente percepción que se tiene de consejos y leyes. No cumplir la norma se ve como delito y quien la transgrede, es alguien que pone en riesgo a la comunidad. Al que no sigue consejo no se le juzga igual. Exime de responsabilidad y explica por qué recomendaciones, como la mascarilla o reuniones sociales de poca gente, son ahora norma.

Nadie sabe qué hubiese pasado con mayor estado de alarma, si las normas se hubiesen seguido cumpliendo o si la población se hubiese rebelado. Tampoco podemos olvidar la tendencia a rebelarnos contra normas socioculturales, que, si no vienen impuestas por ley, es fácil que se relajen. El estado de alarma fue imperativo y la gente lo cumplió por eso, a costa de su salud emocional, pero más normas a ese nivel y continuadas podrían ser contraproducentes y peligro para la estabilidad psicológica de la sociedad.

Si los poderes quieren que la gente responda y las cosas funcionen mejor hay que comprender que somos humanos y que nos regimos por emociones.