La Víbora que se come su cola
OPINION | | 2020-10-09 | Rodolfo González San Miguel.
Buen Dia
La extinción de un centenar de fideicomisos permite a López contar con cien mil millones de pesos más para enfrentar 2021 que se perfila uno de los peores años en la economía del país. No es verdad que desaparecen para romper la corrupción y aviadores posibles, pues lo correcto es hacer limpieza y revisarlos. Desaparecen pues López necesita recursos para sus programas y ya no tiene de dónde sácalo. Ya se gastó el Fondo de Contingencia Económica.

Hoy son los fideicomisos. De no contener decisiones autoritarias, mañana serán las afores. Son recursos que se tiran en programas sociales y proyectos que la opinión única de López considera prioritarios, aunque no necesarios: un caso es la refinería de Dos Bocas. Cuando esos recursos se acaben, y será en un año, habrá que tomar más. Que desaparezca el fondo de desastres naturales (Fonden) el día que el huracán Delta, entró a la península de Yucatán, es una elegía a la falta de cordura.

La falta de recursos tiene origen en mala planeación presupuestal y pésimo destino. Cuando la política económica se maneja por caprichos u ocurrencias es gasto inútil al que no hay cómo darle coherencia en un ejercicio presupuestal. Hay un fondo, la desconfianza de López a la inversión privada. En la visión en años de Echeverría y López Portillo, el rector económico es el Estado, la iniciativa privada es un coadyuvante. No se entiende que ese país desapareció hace medio siglo. El sector privado no invierte por falta de confianza ante señales negativas. Cancelación del aeropuerto, de la planta cervecera de Mexicali, de la inversión en energía renovable, la decisión de intentar convertir a Pemex y CFE en empresas monopólicas.

Por eso las inversiones no llegan. Se firmó un nuevo programa de infraestructura estratégica, pero al analizar los 39 proyectos firmados se ve que muchos están muy lejos de ser desarrollados. Parece que el Tren México-Querétaro podría avanzar, pero no hay nada en el ámbito energético, por lo que es insuficiente para esbozar una recuperación que hoy se ve más lejana. El secreto está en inversión privada en todos los sectores. La rectoría del Estado en la tercera década del siglo XXI debe ser regulación y facilitar esas inversiones del sector privado en todo ámbito.

El FMI da a conocer un documento donde llama a los gobiernos a asumir deuda pública para invertir e impulsar la inversión en planes masivos de infraestructura como mecanismo para salir de la crisis. López quiere que el sector privado invierta en proyectos que a él le gustan y que lo haga a su modo. El país tiene espacios de inversión: energía, turismo, infraestructura, agricultura y ganadería, finanzas, pero no hay política que trabaje para que se otorguen permisos, se autoricen inversiones, se rompan esquemas de control rebasados por la realidad.

El gobierno devora los fideicomisos. Sin inversión privada masiva se quedará sin recursos y su opción será seguir ahorcando a los causantes cautivos de siempre, mientras la economía se devora a sí misma.