El Poder del Silencio
OPINION | | 2021-01-22 | Rodolfo González San Miguel.
Buen Dia
La espiritualidad es una herramienta fundamental. El contacto con uno mismo es el camino, “Conócete a ti mismo”. Ghandi practicaba la meditación, el silencio y la no violencia, fueron las armas para liberar a su país, India, del poder inglés. Jesús predicaba la fuerza del amor como la energía universal. Cambió la imagen de un dios vengativo a un dios que ama a sus hijos. Las tribus indígenas del continente cuidaban y amaban la tierra, era su madre y reconocían al espíritu como la fuerza dadora de vida.

El silencio se experimenta. En la experiencia, se avanza para conocer nuestro ser espiritual. El silencio ayuda a progresar y a desarrollarnos. Es una semilla: la flor está oculta en la semilla, la semilla oculta en la tierra. La luz del sol da en la tierra, que calienta la semilla y la flor empieza a crecer. Como semilla, estamos cargados de potencial. La luz del silencio penetra y despierta el potencial interior, la que le infunde fuerzas para manifestarse en una flor. El silencio es espacio que oxigena la mente, permite la creación de algo nuevo, llenando la vida con poder y fuerza.

El mundo tiene prisa. Cada uno corre haciendo algo, demostrando algo, enseñando algo. En la prisa por ser alguien se olvida el poder y milagro que hay en la quietud. La meditación enseña a enfrentar la vida desde el interior. Nos lleva a un punto de calma y encontramos fuerza para cambiar y sanar al ser interior. En introspección, observamos nuestros pensamientos y vemos nuestras motivaciones; cuando comprendemos que nuestras intenciones quizá no son del todo correctas. Cuando empleamos el silencio para analizar nuestros pensamientos notamos que algunas de las cosas en las que pensamos, no merecían la pena.

Nos volvemos ahorrativos espiritualmente, lo cual lleva a ser generosos. Mucha energía valiosa se pierde mental y emocionalmente, en un pensar derrochador y negativo. 95% del tiempo se desaprovecha pensando en los demás. La combinación expectativas-exigencias, es conflicto. Al aprender a ser silenciosos y reflexionar en nuestro ser interno, empezamos a sentirnos satisfechos con lo que encontramos, hay un sentimiento profundo de contento. Practicando introversión y silencio nos volvemos más considerados en nuestros puntos de vista y aceptamos a los demás por lo que son. Cuanto más podemos aceptar, más encontramos armonía en nuestras relaciones. Ahorramos energía, moderamos pensamientos y palabras. Vienen paciencia, tolerancia, flexibilidad, naturalidad y ligereza.

El silencio verdadero y positivo equilibra nuestro mundo interior y exterior. Al explorar nuestro ser interior, recogemos energía positiva, nos hacemos conscientes de nuestras cualidades, y con naturalidad, éstas se expresan externamente. Dirigimos la concentración al ser interno y después al mundo exterior. Después volvemos de nuevo al interior. Es un movimiento circular. Cuando entramos en el silencio, recargamos energía interna, nos hacemos uno con el ser, sanamos nuestro ser, lo relajamos y lo liberamos de negatividad.

Cuando emergemos esta riqueza y recursos los compartimos y los repartimos, y al hacerlo recibimos y aprendemos. El silencio es la luz guía que ayuda a encontrar equilibrio entre la expresión interior y exterior. Demasiado silencio no es bueno. Debemos entrar, descubrir y salir y compartir. Si sólo permanecemos en el interior, podemos llegar a perder nuestro ser, volvernos descuidados con los demás. Éste no es silencio saludable. Por otro lado, están los que permanecen en lo exterior. Invierten su tiempo en criticar, analizar, discutir, examinar y correr de un lado para otro. No pueden estar tranquilos. Un método que se usa en la Meditación Raja Yoga es el “Control de Tráfico”, permanecer tranquilo unos momentos, deteniendo el tráfico de nuestro pensamiento. Dando un paso atrás, liberamos de tensión al ser. Miramos el panorama hacia el que vamos y después regresamos a la actividad en la que estábamos involucrados.

Entrar en este silencio ayuda a ser más efectivos y firmes. Es un método útil si se practica varias veces al día. La meditación ayuda a descubrir nuestro verdadero ser. Es algo con lo que la mayoría tiene problema; no saben quiénes son, o hacia dónde se dirigen o por qué están donde están. Llevan una existencia robótica (comer, dormir, trabajar, beber, etc.) Al fin, se frustran y se hunden. En el mundo hay muchos fracasos económicos, sociales y políticos. Surgen de las crisis de las personas, debido a la decreciente importancia de los valores en la vida diaria.

La gente tiene los valores traspapelados: querer, necesitar, agarrar y comparar. Todo les aleja de la sencillez y su naturaleza. ¿Cómo ayudar a los demás a volver a sus raíces? Guiándoles al silencio, a la meditación, latín “meditare”, que proviene de la misma raíz que la palabra “mederi”, “curar”. El viaje al interior para descubrir el ser interno y nuestro verdadero poder es el principio del proceso curativo, en el cual somos capaces de volver a encajar todas las piezas rotas con mucho amor. ¿Me gusto, me respeto y me quiero? En la meditación, me reconcilio conmigo, me acepto a mí mismo y descubro la singularidad de mi propio ser. Sintonizo con los recursos originales de mi espíritu, los cuales son amor, paz, alegría y felicidad.